ALEGRANZA

Alegranza se pueden ver del barco peces voladores, aves marinas y con algo de suerte también tortugas, tiburones, ballenas o delfines. Llegando a Alegranza, el barco bordea la costa este de la isla, en cuanto la guía cuenta sobre la historia y la geología de la isla. Volcanes y preciosas playas de arena marrón es lo que podemos apreciar desde la mar.

A los apasionados por la fauna les interesará saber que la isla es residencia permanente del águila pescadora y del alimoche. Entre mayo y noviembre también podemos ver aquí la única colonia del Atlántico del halcón de Eleonor, un ave veloz y elegante que viene a anidar a Alegranza y Montaña Clara desde Madagascar. Estos halcones han cambiado su tiempo de anidamiento de primavera a finales de verano para coincidir con la migración de las pequeñas aves de Europa a África. Otra ave maravillosa a ser observada es la graciosa pardela cenicienta que viene entre marzo y noviembre.

La catedral, en cuyos recovecos nidifica la pardela cenicienta, la caldera volcánica de un kilómetro de diámetro y los jameos en las entrañas de la isla hacen de Alegranza la más misteriosa de las islas del Archipiélago Chinijo.

Al acercarse a Alegranza se adivina el alcance de la experiencia: intimida su silueta rocambolesca y el silencio reinante. Conocedores de los secretos que esconde la isla, los patrones le llevarán a La catedral, el borde oeste de este territorio, una pared infranqueable para el mejor escalador donde rebota el eco y aletean las pardelas. 

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